miércoles, 6 de octubre de 2010

Un artista con luz propia






Esteban Solano, estudiante y compositor de tan solo 24 años, revela detalles y anécdotas de su vida. Charla imperdible con un nuevo artista que se las trae.

“¿Por qué se te ocurrió entrevistarme a mi?” dice Solano con ese tono tan particular suyo, entre pregunta y admiración, mientras subimos en el ascensor. Y es que mi personaje elegido, es uno de esos tipos que preguntan, que se nutren de saberes porque “todo sirve”, como él bien dice. Y la cuestión no es para menos. “¿Cómo viene la mano ché?” agrega, mientras yo contesto.
No es en vano aclarar, que esta es su primera entrevista. Pero no se muestra para nada nervioso, sino calmado y relajado – como casi siempre – y no puedo evitar preguntarme si esa misteriosa tranquilidad que lo caracteriza tendrá que ver, de alguna manera, con la música, con el arte, que desde siempre es parte de su historia.

Pero, empecemos por el principio. Esteban Solano Candia, “Nano”, para los amigos, es un estudiante universitario de “Odonto”, como él la denomina. Oriundo de la ciudad de Esquina, portal sur de la provincia de Corrientes, pertenece a ese puñado de jóvenes que debieron dejar la casa, la familia, los viejos, para poder estudiar una carrera. Pero nunca se olvida de sus raíces, y a la hora de hablar de sus padres, recurre a una estrofa de sus canciones: ““hacer como un cuento la infancia de un niño, el valor mas grande que me pudiste dar” señalando, que gracias a ellos, tuvo una infancia muy linda, y ese es un valor que considera muy fuerte, un “cimiento” de su personalidad.

“Vamos a preparar unos mates primero” dice, y va hacia la cocina “¿Cómo andas vos?” y la charla de siempre comienza: la facultad, la guitarra, Mauricio, Sabrina, y mil cosas más. Con la sencillez que lo caracteriza, Solano desmenuza las peripecias de cada día y encuentra, para cualquier problema, una solución que termina en sonrisa, en una broma compartida.

La charla continúa en la sala y con la llegada de Lucas, otro amigo y soberbio creador de arte gráfico, nos adentramos en el mundo de la pintura. Mientras tanto, Solano, de pura casualidad, encuentra un cuaderno donde escribió sus primeros “viajes”, como el los denomina. Los comienzos. “Muchas veces yo escribí cosas, y en el momento no me gustaban, me parecía muy boludo, o muy no se que…pero ahora, hoy en día, lo que escribo, lo escribo y me gusta” dice, conforme. Ayudado por Lucas, quien hace un acompañamiento acorde en la guitarra, Solano recita un par de estrofas escritas en el cuadernito. Las risas no faltan al leer pasajes y pensamientos que, evidentemente, hoy ya no mantiene y dice: “Hay algunas cosas que son muy duras”

La tarde se pasa entre mate y guitarra. Todavía no hicimos la entrevista y yo ya tengo material como para “hacer dulce” dirían los viejos. Solano propone el balcón, donde el astro rey – su fuente de inspiración en más de una ocasión- nos regala los últimos rayitos antes de esconderse.

Cuenta, entre otras cosas, anécdotas de la infancia y resalta la importancia de crecer rodeado de naturaleza, buenos amigos y “gente linda” como el la denomina. No falta la mención a su mamá, profesora de piano, y a su viejo, “El Negro”, quien lo incentivaba a escuchar música clásica y adivinar los autores, cuando niño. Sonríe al reconocer que hoy en día no escucha música clásica, y confiesa su secreto amor por el tango: Goyeneche, Piazola, Melingo y otros cuyos nombres no recuerda: “tangos viejos, con melodía” agrega.

A la hora de hablar de su instrumento favorito, Solano afirma fehacientemente que son la voz y el pensamiento. “Porque la voz la tengo siempre, y el pensamiento también” sostiene, y agrega: “Yo puedo estar en un lugar, caminando y cantando…internamente cantando. La voz no se emite, pero vos vas pensando, vas ejecutando algo, te vas imaginando. La guitarra sí, sería la segunda; pero la mía propia es la voz”

“Yo no sé si hay un momento o son momentos…no creo que sea un momento exacto, que a las siete de la mañana se me active o a tal hora pase algo en mí que tenga ganas de escribir algo”, comenta Solano refiriéndose al tema de la inspiración. Explica que, generalmente, le surgen más ganas de escribir cuando duerme mucho, y despierta “tranquilo, pero pensando”. Finalmente, se sincera: “Cuando más loco o acelerado ando, mejor escribo. No cuando estoy en un día común. Yo noto que cuando estoy feliz también. Cuando pasa algo interiormente, cambia: me influencia. Se puede decir que la noche es más tranquila y podés escribir pero no tengo un horario fijo. Cuando la inspiración baja, baja con todo”

- ¿Y si baja en la facultad, por ejemplo?

“Y…se anota en un papelito en la facultad, se ha hecho” sonríe y agrega “o en el baño también”

Tranquilo, pensativo, Solano arma sus respuestas con la tranquilidad de un artesano, y no se achica ante ningún interrogante. Casi, casi se podría decir que es un entrevistado experto en la materia. “No hay nada nuevo bajo el sol” afirma, al hablar de temas tales como la desocupación, la explotación laboral desigual, entre otros. Y es que con este personaje tan erudito como pintoresco, se pueden tocar los tópicos mas variados.

Para finalizar la charla, Solano se toma un mate largo, piensa un ratito y define su música: “Es una expresión mía…que muchas veces intenta contagiar algo al que escucha. Generalmente algo que construya, no que destruya. Es una expresión, una descarga, una forma de relacionarse y una identidad también” Se rasca la cabeza, pensativo “¿Qué más puede ser? Una acompañante del momento”, concluye:”Y es mí música”

Solano sonríe, conforme con su última respuesta, un poco inventada, un poco “guitarreada”, pero real. Justo como le gusta a él. Después escucha un pedacito de la grabación y disfruta, repasando sus recitados.
Y el sol se esconde en la ciudad de Rosario. Y Solano sale “a correr un rato” después de su primera entrevista. Simple y sencillo, auténtico. Un artista, con todas las letras. Un bohemio, un colgado, o un genio, “un loquito lindo” como quien dice.

No hay comentarios:

Publicar un comentario