. |. BaiLar por baiLar, para eso no hay edad.|
sábado, 23 de julio de 2011
Hoy me doy cuenta de que no tiene que ver con el pelo, con la ropa, ni con el color de las uñas...que cuando uno se siente bien es POR DENTRO por donde circulan todos esos pequeñas descargas electricas que desembocan en la panza produciendo un impulso que va directo a la boca, casi obligando a los labios a separarse, y a las comisuras a elevarse...indefectiblemente, los dientes salen a la vida y dejan de estar guardados allí, en su caverna oscura.
Reír, no es tan difícil como parecía.
jueves, 24 de marzo de 2011
Un Cuentito, que escribí hace un par de años...

Había una vez un país donde las cosas no andaban bien, el rey había muerto y la reina deambulaba entre tinieblas y no sabia como cuidar a sus súbditos, que, desorientados, y sin entenderse unos a otros solo atinaban a lastimarse mutuamente.
Tan tristes y desolados estaban los habitantes de ese reino, que un grupo de hombres del ejercito decidieron tomar el lugar de la reina y gobernar, prometiendo arreglar y mejorar las cosas para todos.
Y se produjo la matanza mas grande de la historia de nuestro país, la Argentina...
Y desaparecieron quien sabe cuantas personas durante este período nefasto...
Y desterraron artistas, idealistas, revolucionarios cuyo unico delito fue manifestarse de forma diferente...
El reino quedo desolado, triste, cansado y maltrecho por todas las cosas feas que estos señores hicieron a todo aquel que se atreviera a contradecirlos.
Para colmo de males, en medio de todo esto, un día se les ocurrio que lo mejor para salir de esa tristeza era jugar a la guerra con un reino del norte... y ahi nomas juntaron unos barquitos y unos cuantos soldaditos y los mandaron a pelear... mientras ellos, seguros y comodos en los sillones de sus palacios tomaban café y leían el periodico enterandose - como noticias lejanas - de las atrocidades que se estaban cometiendo a sus "fichas de juego" a sus soldaditos, como quien dice....
Y paso lo que suele pasar cuando uno no sabe jugar a la guerra, se pierde... y todas las fichitas de juego quedaron desparramadas sobre el tablero...
Solo que las fichas eran personas
y el tablero era un pedazo de nuestra tierra...
y el dia que los hombres del ejercito decidieron tomar el lugar de la reina fue hace exactamente 34 años...
y las quien sabe cuantas personas son 30 mil, y muchas de ellas hoy tendrian 34 años... y no conocen su propia identidad
y todo esto paso, en mi pais, en tu pais
pero no tiene que volver a pasar, NUNCA MAS
34 años de impunidad,represion,saqueo y hambre
30000 razones para seguir luchando
sábado, 19 de marzo de 2011
En el día de hoy, sin querer me dí cuenta de mi papel en este mundo. Tal vez sea apresurado detallar conjeturas y razones por las cuales vivir a la escasa edad de veintitrés años. No lo sé. La verdad es que me siento conforme con este papel que, de una forma o de otra siempre me exige estirarme un poco más.
No quiero entrar en preámbulos cansadores ni pompas rebuscadas para explicarlo: mi pasión es escribir. Más allá de los cálidos confines de lo que uno puede llamar pasión o emoción; allí, en el borde de la vocación, puedo afirmar que no es solamente eso; es mi lugar en el mundo. Escribir, narrar, contar cosas.
Como Solano tiene su música y Lucas su pintura, yo tengo la palabra. Esa es mi destreza. Saber pintar con palabras como ellos con notas o acuarelas para provocar algo en alguien: un movimiento, un suspiro, una reacción. ¿No es acaso la meta de todo en esta vida? Generarle algo a alguien, dar satisfacción, “llenar el alma” como dice mi amiga Mariana.
Algunos lo hacen con películas. Otros componen sinfonías interminables que emocionan hasta las lágrimas. El arte viene del amor, y el amor al arte nace desde adentro de todos los seres humanos. Se alimentan, uno al otro como si fueran una hoguera de troncos ardientes: cuantos más hay, más grande será el fuego. El arte, sin amor al arte no es arte, jamás. Y que es del amor sino una construcción del alma, del arte interior de cada uno.
Mi arte es escribir, porque es haciéndolo cuando me siento plena. No es que no me sienta plena en otros momentos de mi vida, todo lo contrario. Sino que cuando escribo siento que puedo divagar, crear, borrar, omitir, inventar y ficcionar a mi gusto. Porque no hay límites para lo que uno puede imaginar, así como no hay límites para lo que uno puede hacer, cuando emprende con pasión. Más cuando la meta es buena, ¡que bueno es llegar!
Mi lugar en el mundo será entonces: contar con las mejores palabras posibles todas las maravillas que presencio. Para ello deberé nutrirme de numerosas maravillas, lo que no será difícil ya que vivimos en un mundo bastante maravilloso. Venido a menos, como todo, pero maravilloso al fin. ¡Cuantas cosas tengo para maravillarme aún! Tanto que no conozco, tanto que no experimenté; tantos rincones sin recorrer y recovecos para coleccionar, que a veces no se por donde empezar.
Pero cuidado, que las miserias de la vida no deben quedar afuera en ésta, mi nueva misión: contar.
Porque, si bien el mundo es maravilloso, hay muchas personas que se ocupan día a día de hacerlo menos maravilloso. Y es tarea popular, no solo de los reporteros, la de dar a conocer, exponer a esas personas: los que se valen de su posición privilegiada para cercenar sueños, censurar ideas, derramar lágrimas y privar a niños inocentes de su “infancia de cuentos” como dice Solano.
“Yo no quiero volverme tan loco” dice Charly García y yo me pregunto: ¿No será necesario, en este mundo tan estupidizado entre prensa amarillista y guerras petroleras, volverse un poco loco, como para contrarrestar un poco esa realidad podrida que nos quiere doblegar?
Conozco un grupo de cuerpos que disfrutan la locura día a día. Son mis amigos. Ellos cambian el mundo desde su humilde posición, aportando su granito de arena jornada tras jornada. Es una de las cosas que más me agrada de todos ellos. Me provoca ganas de contar sus hazañas, de narrar sus historias. Es entonces cuando mi papel en el mundo cobra importancia de nuevo, cuando puedo contar historias de personas de carne y hueso, que ponen en marcha una bola, cuya finalidad es ser útil a alguien más. Y comienzo a narrarte sus proezas, sus logros, y también sus fracasos. Porque son seres mortales, ni más ni menos que yo. Imperfectos, defectuosos, erráticos. Cada uno con una misión, vaya uno a saber cual. Si al fin y al cabo, todos buscamos a tientas en esta cruzada, con fecha de vencimiento desconocida.
Lo bueno es saber que nos tenemos unos a otros. Lo bueno es inmortalizar personajes, escenas y aromas – entre otros – con una palabra certera, justa, conmovedora.
Lo bueno es escribir. Y vivir, obviamente.
miércoles, 6 de octubre de 2010
Un artista con luz propia

Esteban Solano, estudiante y compositor de tan solo 24 años, revela detalles y anécdotas de su vida. Charla imperdible con un nuevo artista que se las trae.
“¿Por qué se te ocurrió entrevistarme a mi?” dice Solano con ese tono tan particular suyo, entre pregunta y admiración, mientras subimos en el ascensor. Y es que mi personaje elegido, es uno de esos tipos que preguntan, que se nutren de saberes porque “todo sirve”, como él bien dice. Y la cuestión no es para menos. “¿Cómo viene la mano ché?” agrega, mientras yo contesto.
No es en vano aclarar, que esta es su primera entrevista. Pero no se muestra para nada nervioso, sino calmado y relajado – como casi siempre – y no puedo evitar preguntarme si esa misteriosa tranquilidad que lo caracteriza tendrá que ver, de alguna manera, con la música, con el arte, que desde siempre es parte de su historia.
Pero, empecemos por el principio. Esteban Solano Candia, “Nano”, para los amigos, es un estudiante universitario de “Odonto”, como él la denomina. Oriundo de la ciudad de Esquina, portal sur de la provincia de Corrientes, pertenece a ese puñado de jóvenes que debieron dejar la casa, la familia, los viejos, para poder estudiar una carrera. Pero nunca se olvida de sus raíces, y a la hora de hablar de sus padres, recurre a una estrofa de sus canciones: ““hacer como un cuento la infancia de un niño, el valor mas grande que me pudiste dar” señalando, que gracias a ellos, tuvo una infancia muy linda, y ese es un valor que considera muy fuerte, un “cimiento” de su personalidad.
“Vamos a preparar unos mates primero” dice, y va hacia la cocina “¿Cómo andas vos?” y la charla de siempre comienza: la facultad, la guitarra, Mauricio, Sabrina, y mil cosas más. Con la sencillez que lo caracteriza, Solano desmenuza las peripecias de cada día y encuentra, para cualquier problema, una solución que termina en sonrisa, en una broma compartida.
La charla continúa en la sala y con la llegada de Lucas, otro amigo y soberbio creador de arte gráfico, nos adentramos en el mundo de la pintura. Mientras tanto, Solano, de pura casualidad, encuentra un cuaderno donde escribió sus primeros “viajes”, como el los denomina. Los comienzos. “Muchas veces yo escribí cosas, y en el momento no me gustaban, me parecía muy boludo, o muy no se que…pero ahora, hoy en día, lo que escribo, lo escribo y me gusta” dice, conforme. Ayudado por Lucas, quien hace un acompañamiento acorde en la guitarra, Solano recita un par de estrofas escritas en el cuadernito. Las risas no faltan al leer pasajes y pensamientos que, evidentemente, hoy ya no mantiene y dice: “Hay algunas cosas que son muy duras”
La tarde se pasa entre mate y guitarra. Todavía no hicimos la entrevista y yo ya tengo material como para “hacer dulce” dirían los viejos. Solano propone el balcón, donde el astro rey – su fuente de inspiración en más de una ocasión- nos regala los últimos rayitos antes de esconderse.
Cuenta, entre otras cosas, anécdotas de la infancia y resalta la importancia de crecer rodeado de naturaleza, buenos amigos y “gente linda” como el la denomina. No falta la mención a su mamá, profesora de piano, y a su viejo, “El Negro”, quien lo incentivaba a escuchar música clásica y adivinar los autores, cuando niño. Sonríe al reconocer que hoy en día no escucha música clásica, y confiesa su secreto amor por el tango: Goyeneche, Piazola, Melingo y otros cuyos nombres no recuerda: “tangos viejos, con melodía” agrega.
A la hora de hablar de su instrumento favorito, Solano afirma fehacientemente que son la voz y el pensamiento. “Porque la voz la tengo siempre, y el pensamiento también” sostiene, y agrega: “Yo puedo estar en un lugar, caminando y cantando…internamente cantando. La voz no se emite, pero vos vas pensando, vas ejecutando algo, te vas imaginando. La guitarra sí, sería la segunda; pero la mía propia es la voz”
“Yo no sé si hay un momento o son momentos…no creo que sea un momento exacto, que a las siete de la mañana se me active o a tal hora pase algo en mí que tenga ganas de escribir algo”, comenta Solano refiriéndose al tema de la inspiración. Explica que, generalmente, le surgen más ganas de escribir cuando duerme mucho, y despierta “tranquilo, pero pensando”. Finalmente, se sincera: “Cuando más loco o acelerado ando, mejor escribo. No cuando estoy en un día común. Yo noto que cuando estoy feliz también. Cuando pasa algo interiormente, cambia: me influencia. Se puede decir que la noche es más tranquila y podés escribir pero no tengo un horario fijo. Cuando la inspiración baja, baja con todo”
- ¿Y si baja en la facultad, por ejemplo?
“Y…se anota en un papelito en la facultad, se ha hecho” sonríe y agrega “o en el baño también”
Tranquilo, pensativo, Solano arma sus respuestas con la tranquilidad de un artesano, y no se achica ante ningún interrogante. Casi, casi se podría decir que es un entrevistado experto en la materia. “No hay nada nuevo bajo el sol” afirma, al hablar de temas tales como la desocupación, la explotación laboral desigual, entre otros. Y es que con este personaje tan erudito como pintoresco, se pueden tocar los tópicos mas variados.
Para finalizar la charla, Solano se toma un mate largo, piensa un ratito y define su música: “Es una expresión mía…que muchas veces intenta contagiar algo al que escucha. Generalmente algo que construya, no que destruya. Es una expresión, una descarga, una forma de relacionarse y una identidad también” Se rasca la cabeza, pensativo “¿Qué más puede ser? Una acompañante del momento”, concluye:”Y es mí música”
Solano sonríe, conforme con su última respuesta, un poco inventada, un poco “guitarreada”, pero real. Justo como le gusta a él. Después escucha un pedacito de la grabación y disfruta, repasando sus recitados.
Y el sol se esconde en la ciudad de Rosario. Y Solano sale “a correr un rato” después de su primera entrevista. Simple y sencillo, auténtico. Un artista, con todas las letras. Un bohemio, un colgado, o un genio, “un loquito lindo” como quien dice.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Miércoles
- Dame un jugo de naranja, y dos picos dulces - pasándole al quiosquero un billete de diez, me dí vuelta hacia Pancho, que me esperaba un poco más atrás.
- ¿Tenés puchos? – pregunté, y al recibir un asentimiento por parte de mi amigo agregué: - Eso nomás – y recibí el vuelto con una sonrisa.
Saliendo del quiosco, Pancho dijo algo de lo que ambos reímos – no me acuerdo que fue con exactitud. Siempre tiene ocurrencias graciosas y es difícil recordarlas a todas – y cruzamos la calle con paso ágil. Charlando de esto y lo otro íbamos llegando. Encontramos un banco, nos sentamos, y comenzamos el ritual.
Minutos antes, salía de mi casa rumbo a mi clase de todos los miércoles: Redacción. El trabajo práctico enviado unos minutos antes de las cinco, me había llevado unas buenas horitas. “Siempre pienso que va a ser fácil hasta que lo comienzo a hacer” me dije.
Tal vez fue ese el momento en que me decidí. Y cambié la dirección de mis pasos.
Generalmente, suelo confiar en esos súbitos cambios de planes que me caracterizan. Me gusta pensar que son señales o buenos augurios de que tal vez algo especial o muy extraño me va a pasar ese día. Aunque en realidad no sean mas que impulsos que me llevan a hacer esto o lo otro sin cuestionarme demasiado porque lo hice o sobre las consecuencias, es como si alguna extraña fuerza influyera en mí para escabullirme de la rutina solo un poquito. Confío ciegamente en que son ese tipo de pequeñeces las que pueden dar a la vida un giro radical, y me encanta jugar con lo inesperado.
Sin darle mucha importancia a la cabeza, pensé en caminar hacia donde me llevaran mis pasos.
Aprendí muchos caminos de memoria, desde que vivo en esta ciudad (aunque debo confesar que aún me pierdo, y necesito de la ayuda de los carteles en alguna que otra ocasión) pero, de alguna manera sabía hacia donde estaba caminando. Y es que uno siempre sabe, en su interior, hacia donde quiere ir, aunque a veces esto tarde en manifestarse concientemente.
Toqué dos veces el timbre y una voz familiar atendió. En unos minutos, esa voz se transformó en la cara de mi amigo Pancho, que me sonreía como de costumbre, mientras giraba la llave de la puerta doble de su edificio.
El destino estaba pactado de antemano, sin que ni uno de los dos dijera palabra alguna: el banco blanco al costado de la estación de las vías del tren.
Las provisiones, totalmente necesarias. Ya que nuestras charlas pueden durar tanto minutos como horas. Colgados en ese banco, tratando de descifrar un pensamiento, una idea; muchas veces queriendo encontrarle sentido a cosas sin sentido hemos visto el sol ponerse y despertarse, en más de una ocasión.
¿El tema de la charla? Muchos, y de los mas variados. En realidad, el tema es lo de menos, cuando se esta con la persona correcta, y en el lugar adecuado.
No será la clase de Redacción, pero creo que es una muy buena manera de pasar un miércoles a la tarde. Tomando jugo de naranja con un amigo, descifrando el mundo, a la vera de la ciudad, mientras el sol cae y todos se disponen a tomar un descanso.
martes, 22 de junio de 2010
lunes, 14 de junio de 2010
A modo de bienvenida, un gracias.
Hoy levanto mi copa por los amigos que nos incentivan a ser cada día mejores…a los que nos levantan cuando estamos abajo, a los que nos prestan ese libro que nos cambiará la vida, a los que se enfrascan con nosotros en interminables charlas sobre como vamos a hacer – en un futuro incierto- para cambiar el mundo…
Esos amigos que nos esperan en la esquina de tal y tal, solamente para acompañarnos a un lugar incierto…a una travesía desconocida…porque con ellos todo se torna mas entretenido y lo efímero se torna eterno…porque con ellos todo es mas simple y entretenido : desde mirar una película hasta armar con papelitos de colores la textura de una palabra sanadora…
Sus bolsillos están llenos de curitas para los raspones del alma. Y su mochila esta cargada de consejos para hacernos sentir mejor…
Obvio, tienen un bolsillo especial donde acumulan VERDADES, que no se van a quedar guardadas ahí, porque son para ser dichas…y siempre las dicen en el momento en que menos las queremos escuchar, en el que menos lo podemos asimilar…pero ese es nuestro problema. El verdadero amigo es el que dice la verdad aunque nos duela, en el momento que se aplica…y personalmente, me he comido muchos “yo te dije” a lo largo de esta cruzada. Gracias.
Porque intentar hacernos entender algo que va mas allá de nuestra comprensión, por que saben que es lo mejor para nosotros, y esa es una de las mejores cualidades de un amigo, pero a la vez una de las más difíciles de poner en práctica.
No es nada nuevo lo que estoy diciendo, quizá desde mi forma de pensar un amigo es esto, aunque reconozco que hay muchas, demasiadas cosas que hacen que me enamore cada día mas de estos seres extraños, divertidos y aparentemente tan desorientados como yo. Son esas las pequeñas cosas que inventamos juntos, cada día, en esta aventura que emprendimos juntos, la vida.
Solo quería decirles, que es un placer tenerlos de copilotos.